El partido contra el Hércules, estuvo bien, doblete de Benzema, control del encuentro sin demasiados apuros, ninguna lesión que empañe la victoria... un partido plácido. Pero el pitido del árbitro en el minuto 89 y 55 segundos creo que refleja que los madridistas la cabeza desde hace tiempo en el miércoles. Unos desde que acabó la primera fase, otros desde que caímos en los octavos del año pasado... pero todos con esa obsesión.
No, no se trata de romper una mala racha en competiciones europeas, no se trata de recuperar la gloria como en el 98. Se trata de algo mucho más trascendente que todo eso. Si le ganamos la eliminatoria al Lyon y pasamos a cuartos, el club entero meterá los dos pies en una nueva etapa. Sin las ataduras de errores pasados. Con la ilusión de hacer algo grande en su competición favorita y sin la presión de otras veces. Un club unido entorno a un entrenador que defiende sus intereses, con una afición que ya ha desenmascarado a todos aquellos que, desde un antimadridismo profundo, tienen la cara de hablarnos a nosotros, los que disfrutamos y sufrimos con el Real Madrid, sobre cuales son o dejan de ser los valores históricos de la entidad.
El discurso de Florentino en la entrega de insignias a los socios celebrada este sábado es una clara prueba de ello. Una llamada a apoyar sin fisuras a nuestro entrenador y a ver en él y su defensa encarnizada de los intereses del club (aunque ello comporte decir verdades que incomoden al establishment del fútbol español) la verdadera esencia del Madrid. Valdano y su quintacolumnismo, muy en línea con el pensamiento "humilde e ingenioso" de los partidarios de cierto equipo, han recibido su certificado de defunción. Ahora todos vamos en el mismo barco.
A eso precisamente es a lo que llamó José Mourinho tras el 2-0 a los alicantinos: a que el espectador del Bernabéu deje de serlo este miércoles y se transforme en un activo más para el equipo. Toda ayuda es poca y a nuestro estadio le hace falta recuperar el mágico ambiente que se daba en el cuando aún existían localidades de pie a finales de los 90. Al que tenga la suerte de poder ir, que no desperdicie la oportunidad y transmita con sus gritos de ánimo el apoyo de todos los merengues que nos estaremos tirando de los pelos frente al televisor en cualquier rincón del mundo.
Yo, en semanas de partidos importantes, suelo colocar en mi MP3 una de mis canciones favoritas, The Eye of the Tiger, tema principal de una de las películas de la famosa saga Rocky, protagonizada por Sylvester Stallone. Suelo estar bastante nervioso los días previos a encuentros como este (no debería serlo, son solo los octavos... ¡qué diablos! ¡es el Madrid en sí lo que está en juego!), pero no puedo parar de escucharla una y otra vez. Cosas así tendrían que poner nuestros chicos en el vestuario para motivarse... y no las chorraditas buenistas de Coldplay que escuchan otros.
No, no se trata de romper una mala racha en competiciones europeas, no se trata de recuperar la gloria como en el 98. Se trata de algo mucho más trascendente que todo eso. Si le ganamos la eliminatoria al Lyon y pasamos a cuartos, el club entero meterá los dos pies en una nueva etapa. Sin las ataduras de errores pasados. Con la ilusión de hacer algo grande en su competición favorita y sin la presión de otras veces. Un club unido entorno a un entrenador que defiende sus intereses, con una afición que ya ha desenmascarado a todos aquellos que, desde un antimadridismo profundo, tienen la cara de hablarnos a nosotros, los que disfrutamos y sufrimos con el Real Madrid, sobre cuales son o dejan de ser los valores históricos de la entidad.
El discurso de Florentino en la entrega de insignias a los socios celebrada este sábado es una clara prueba de ello. Una llamada a apoyar sin fisuras a nuestro entrenador y a ver en él y su defensa encarnizada de los intereses del club (aunque ello comporte decir verdades que incomoden al establishment del fútbol español) la verdadera esencia del Madrid. Valdano y su quintacolumnismo, muy en línea con el pensamiento "humilde e ingenioso" de los partidarios de cierto equipo, han recibido su certificado de defunción. Ahora todos vamos en el mismo barco.
A eso precisamente es a lo que llamó José Mourinho tras el 2-0 a los alicantinos: a que el espectador del Bernabéu deje de serlo este miércoles y se transforme en un activo más para el equipo. Toda ayuda es poca y a nuestro estadio le hace falta recuperar el mágico ambiente que se daba en el cuando aún existían localidades de pie a finales de los 90. Al que tenga la suerte de poder ir, que no desperdicie la oportunidad y transmita con sus gritos de ánimo el apoyo de todos los merengues que nos estaremos tirando de los pelos frente al televisor en cualquier rincón del mundo.
Yo, en semanas de partidos importantes, suelo colocar en mi MP3 una de mis canciones favoritas, The Eye of the Tiger, tema principal de una de las películas de la famosa saga Rocky, protagonizada por Sylvester Stallone. Suelo estar bastante nervioso los días previos a encuentros como este (no debería serlo, son solo los octavos... ¡qué diablos! ¡es el Madrid en sí lo que está en juego!), pero no puedo parar de escucharla una y otra vez. Cosas así tendrían que poner nuestros chicos en el vestuario para motivarse... y no las chorraditas buenistas de Coldplay que escuchan otros.


